Friday 10 september 2010 5 10 /09 /Set /2010 03:20

La calidad de vida del paciente con epilepsia depende del control de sus crisis y los efectos secundarios de la medicación.
Los sufrimientos no sólo son físicos sino que las barreras impuestas en su vida laboral y personal suelen acarrear serias consecuencias psicosociales.

NUESTRA CALIDAD DE VIDA PUEDE MEJORAR SIGUIENDO UNAS REGLAS ESENCIALES:

  1. Cumplir el tratamiento que ha establecido el médico. Si el especialista no responde a tus inquietudes ni hace un seguimiento responsable, se debe -siempre que sea factible- cambiar de médico o consultar a otros neurólogos. No conformarse con respuestas superficiales o tópicas ni con un tratamiento inadecuado que haya empeorado considerablemente tu calidad de vida.
  2. No tiene ningún sentido obsesionarse con un horario estricto en la toma de la medicación. Permitirse tranquilamente un margen de tiempo adaptándolo a las circunstancias diarias.
  3. Dormir de 7 a 9 horas diarias. Si se va a trasnochar, es aconsejable echar antes una siesta.
  4. Beber alcohol con mucha moderación.
  5. No tomar drogas.
  6. Olvidarse definitivamente de prohibiciones desfasadas como no consumir tabaco, cafeína (café, coca cola,...), chocolate, conservas, embutidos, picantes, etc. Está demostrado que NO provocan crisis.
  7. Llevar una dieta sana y practicar regularmente deporte.
  8. Evitar las situaciones prolongadas de estrés.
  9. Informar con normalidad de tu situación a las personas de confianza y apoyarte en ellas en los momentos necesarios. Ser adulto no significa ser invulnerable.
  10. A pesar de la incomprensión y de los reveses que puede acarrear la epilepsia (laborales, sentimentales, etc.) intentar no aislarse socialmente: practicando aficiones, siguiendo las terapias necesarias, etc.

 

No nos cansaremos de recordar que la sobreprotección de los progenitores sobre el hijo que padece epilepsia influye de manera negativa especialmente en su calidad de vida. Aunque sus crisis estén bien controladas, hay padres que llevan la enfermedad muchísimo peor que el propio joven y no le permiten hacer una vida normal tanto en la escolaridad como en los juegos por miedo a que sufra una crisis. En la adolescencia no dejan que habitualmente salga a divertirse con sus compañeros ni que vaya de viaje de estudios o al extranjero. Esta actitud suele motivar que su hijo se haga introvertido, se quede progresivamente sin amigos y no sepa relacionarse normalmente con la gente. Del mismo modo que si tiene hermanos y ve que ellos hacen cosas que a él le prohíben por su epilepsia puede sentirse injustamente discriminado.

Este error es cometido por los padres con bastante frecuencia y debería ser al contrario: tienen que pensar que sus hijos DEBEN DISFRUTAR DE LA VIDA TODO LO QUE PUEDAN, RELACIONARSE CON LA GENTE, APRENDER A SER RESPONSABLES E INTENTAR BUSCAR SU FUTURO SIN DEPENDER SIEMPRE DE SUS PROGENITORES.

DEBEN ASIMILAR CON NATURALIDAD QUE SI LES DA UNA CRISIS FUERA DEL HOGAR NO PASA NADA

Por ktchmeifucan
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Sunday 6 december 2009 7 06 /12 /Dic /2009 04:17
Convulsiones del recien nacido


Introducción


La frecuencia de las convulsiones neonatales es muy diversa: del 1,5 al 14 por mil de los niños nacidos vivos. Esta discordancia se explica por el carácter semiológico, clínico y E.E.G. de estas crisis, tan diferentes de las del niño o del adulto.

 

La sintomatología está lejos de ser unívoca. Algunas crisis aisladas pueden pasar desapercibidas, bien porque sean atípicas o bien porque se reconozcan únicamente mediante los datos poligráficos.
El estado de mal localizado o generalizado es particularmente frecuente en esta edad.

 

Si las causas metabólicas aisladas, diagnosticadas y tratadas rápidamente tienen una evolución favorable, las crisis secundarias a un sufrimiento neonatal pueden indicar lesiones irreversibles. Pueden intervenir varias causas -infecciosas o metabólicas- apareciendo en un neonato débil (prematuro, malformación). Por último, algunas crisis no tienen etiología determinada.

 

El pronóstico de las convulsiones neonatales es oscuro, acompañándose en el 15% de los casos de muerte inmediata y dejando secuelas graves del 35 al 45%. Los progresos del diagnóstico, la prevención y los progresos de las terapéuticas neonatales están modificando progresivamente el pronóstico.

 

 

Semiología, descripción de las crisis


Semiología clínica.
El aspecto clínico de las crisis y su evolución temporal son muy polimorfos. Son excepcionales las crisis generalizadas tónico-clónicas, y una alteración aislada y breve de la consciencia difícilmente puede ponerse en evidencia en un neonato.

 

Clínicamente se distingue:

 

CRISIS CLÓNICAS:
Son las más frecuentes. Localizadas generalmente en un miembro superior o inferior, en una parte de un miembro o en la cara; pueden ser erráticas, multifocales, anárquicas, con inicio en un miembro superior o afectando al miembro superior contralateral o la cara, migrando de un lado a otro, pudiendo generalizarse a un hemicuerpo. Se han descrito verdaderos accesos mioclónicos sincrónicos con afectación de la musculatura axial y los miembros.

 

CRISIS TÓNICAS:
Son localizadas, hemicorporales o generalizadas, que provocan entonces una actitud de descerebración o en epistótonos; son excepcionalmente aisladas.

 

CRISIS ATÍPICAS (10% DE LOS CASOS):
Son difíciles de reconocer y no pueden identificarse porque se manifiestan de manera similar o alternando con otras crisis. Con frecuencia el E.E.G. permite su individualización. Dreyfus-Brisac y Cols. distinguen crisis con fenómenos respiratorios (apnea, polipnea, sacudidas diafragmáticas), con fenómenos oculares (guiños repetidos, abertura de los ojos o movimiento ocular anormal), con movimientos del cuerpo (agitación, pedaleo, hipertonía, giro) y con movimientos de la cara (acción de masticar, muecas, lloros...).

 

 

Según la forma de aparición se distinguen:

  • Crisis Aisladas o Raras.
  • Crisis Repetidas o suficientemente cercanas, que conforman un estado de mal en el que el nivel de vigilancia es difícil de apreciar. Puede aparecer en un contexto clínico muy variado o en niños perfectamente normales hasta entonces.

En casi el 50% de los casos las crisis o el estado de mal aparecen antes de la 25ª hora después del nacimiento; el 23% entre el 4º y 6º días, únicamente el 8% después del 6º día.

 

 

Etiología


Los progresos de la prevención materna, de la obstetricia y de la reanimación perinatal han modificado considerablemente la etiología de las crisis del neonato. Sin embargo, el problema no es simple; es frecuente un origen multifactorial, y gran número de crisis permanecen sin causa evidente.

 

 

Causas metabólicas aisladas


Raramente son las únicas responsables de las crisis. Una vez sospechadas e investigadas rápidamente, comportan la inmediata intervención de un tratamiento específico.
La aparición después de un intervalo libre de toda sintomatología neurológica es típico de una convulsión ligada a una alteración metabólica.

 

LA HIPOCALCEMIA. Clásicamente era la responsable del 30 al 40% de las convulsiones del neonato y aparecía hacia el 5º o 10º día de vida, más frecuentemente en el niño inmaduro, prematuro o en el hijo de madre diabética. Ha sido señalada su disminución después de la desaparición de algunos tipos de leche.

El tratamiento con gluconato cálcico en perfusión asociado a vitamina D permite el restablecimiento de una calcemia normal.

 

LA HIPOMAGNESEMIA. A menudo asociada a una hipocalcemia, su diagnóstico precoz permite la puesta en marcha de un tratamiento específico.

La inyección intramuscular de 0,2 ml por kilogramo de peso de una solución al 50% de sulfato de magnesio provoca el cese de la crisis.

 

LA HIPOGLUCEMIA. Con anterioridad responsable del 22% de los casos, dejaba graves secuelas; actualmente es excepcional.

Ante todo habrá que sospecharla en niños de madre diabética o prediabética, prematuros o inmaduros, así como si existe un sufrimiento neonatal asociado.

Su descubrimiento y su resistencia al tratamiento sintomático será indicativo de causas poco frecuentes: hipoglucemia familiar neonatal con macrosomía y onfalocele (Síndrome de Beckwith).

El tratamiento y la prevención se basan en la inyección intravenosa lenta de suero glucosado (al 10 ó 30% a razón de 1 a 2 mg/kg de peso) o mejor, la inyección intramuscular de una ampolla de glucagón.

 

LAS ALTERACIONES DEL METABOLISMO DEL SODIO. Son mucho menos frecuentes, habitualmente yatrógenas. La hiponatremia puede deberse a una pérdida de sal (hiperplasia suprarrenal o síndrome de Debré-Fibiger) o sobre todo a una intoxicación por agua (exceso de rehidratación). Su tratamiento consiste en la inyección intravenosa lenta de una solución de cloruro de sodio al 3%. La hipernatremia es todavía más excepcional, consecuencia de un error de hidratación.

 

DÉFICIT DE PIRIDOXINA. La dependencia a la piridoxina, aunque excepcional, debe ser sistemáticamente buscada ya que mejora espectacularmente con el tratamiento.

Las convulsiones, en ocasiones precoces, aparecen en general hacia el 3º ó 7º día de vida.

El diagnóstico se basa en el efecto positivo de la inyección intravenosa de piridoxina (a razón de 50 mg/día). La instauración de un tratamiento peros (a razón de 2 a 10 mg/día) es necesario para evitar la aparición de una encefalopatía.

 

 

Alteraciones congénitas del metabolismo


Un tercio de los niños con una aminoacidopatía neonatal presentan crisis.

 

Éstas tienen unas características comunes:

  • Tiempo de lactancia de varias horas a algunos días entre los primeros signos de distrés neurológico (alteraciones de la vigilancia, hipotonía) y las crisis.
  • Semiología clínica polimorfa. Son resistentes al tratamiento y comportan rápidamente un estado de mal: no se encuentra ningún factor desencadenante.
  • Sobre el EEG (electroencefalograma) la persistencia de salvas periódicas y el que haya o no registro de las crisis debe hacernos dudar de una aminoacidopatía.

Estas enfermedades provocadas por mutaciones genéticas se transmiten de forma autosómica recesiva.

 

 

Causas infecciosas


Están dominadas por la MENINGITIS NEONATAL.

 

Con frecuencia su diagnóstico es difícil:
Ausencia de síndrome meníngeo típico, alteraciones metabólicas asociadas, signos de sospecha más a menudo respiratorios y cardiovasculares que cerebrales. La punción lumbar es, por tanto, siempre indispensable frente a toda convulsión del neonato. Habrá que cultivar el líquido, incluso aunque sea hemorrágico.
El diagnóstico etiológico se orientará por la presencia de una infección feto-materna.

 

El pronóstico depende del germen causante (estreptococo B, listeria, colibacilos, pneumococos) y de la rapidez del tratamiento. Pese a éste, la meningitis neonatal puede todavía ser la responsable de hidrocefalias o de graves secuelas neuropsíquicas.

 

La presencia de complejos periódicos, focales, asociados a crisis clínicas repetidas, debe hacernos pensar, a pesar de su carácter excepcional, en una enfalitis herpética. Asimismo, la aparición de un estado de mal unilateral puede ser indicativo de un absceso. También las fetopatías (rubéola, toxoplasmosis, toxoplasmosis congénita, enfermedades con inclusiones citomegálicas).

 

Habitualmente las convulsiones aparecen dentro de un contexto clínico variado: ictericia, coriorretinitis, petequias, hepatosplenomegalia, micro o hidrocefalia.

 

 

Causas tóxicas


Son actualmente excepcionales y siempre yatrógenas (terapéutica anléptica, teofilina, cafeína,...).

Asimismo se han descrito síndromes de privación con convulsiones en los recién nacidos de madres que tomaban barbitúricos, diacepinas, medicamentos psicotropos, y en los niños de madres drogadictas (heroína o metadona).

 

 

Causas prenatales y perinatales


Las crisis debidas a alteraciones genéticas, congénitas o por un sufrimiento perinatal son en general secundarias a lesiones irreversibles.
El estado de mal es particularmente frecuente. Son la causa de encefalopatías muy graves y sobre todo de muerte precoz.

 

LAS ALTERACIONES GENÉTICAS son, sobre todo las neurodermatosis (neurofibromatosis y la incontinencia pigmentaria), afecciones raras.

 

LAS CAUSAS GONGÉNITAS se diagnostican con la tomografía o la autopsia. Las malformaciones cerebrales -porencefalia, disgenesia cerebral, heterotopía de la sustancia gris- aisladas o asociadas no son, por ellas mismas, las responsables de las crisis pero seguramente producen una debilidad en el neonato o en el prematuro. Su porcentaje es pequeño y variable según los autores.

 

LAS CAUSAS PERINATALES son con mucho las más frecuentes (13 al 70% de las convulsiones) y se deben a varios mecanismos: Anoxia neonatal, traumatismos obstétricos, hemorragias intracraneales.

 

Anoxia neonatal. Es la causa de numerosas muertes precoces o de graves complicaciones secundarias a una encefalopatía hipoxoisquémica. La lesión más frecuente es una necrosis neuronal más o menos extensa.

La asfixia intrauterina es mucho más habitual (90% de los casos) que la asfixia perinatal o los traumatismos obstétricos, anteriormente en primer plano.

En un niño que ya presenta alteraciones de la consciencia, las crisis aparecen 12 horas después del nacimiento. En el 50% de los casos tienen tendencia a empeorar rápidamente, transformándose en estado de mal. Su pronóstico es malo.

 

Accidentes hemorrágicos. La tomografía y la ultrasonografía destacan su frecuencia. Las hemorragias subaracnoideas, a menudo después de un parto distócico o normal, tienen en general buen pronóstico, sobre todo si el E.E.G. intercrítico es normal. La hemorragia peri o intraventricular, a menudo después de un parto difícil y particularmente frecuente en el prematuro, es la causa de numerosas muertes o secuelas graves. Una lesión hemisférica (hematoma intracraneal con reblandecimiento, hematoma subdural) se manifiesta como un estado de mal unilateral, prolongado (superior a 24 horas), con alteraciones E.E.G. intercríticas muy importantes, que se extienden hacia el otro hemisferio.

 

 

Causas indeterminadas


Cerca del 10% de las convulsiones del neonato continúan sin etiología determinada.
su pronóstico es favorable en 2/3 de los casos.

Algunos trabajos han señalado la particular frecuencia de las convulsiones que aparecen en los recién nacidos alrededor del 5º día. Las crisis sobrevienen, en los niños aparentemente normales, después de un parto normal, entre la 84ª y la 124ª hora; el equilibrio clínico y paraclínico permanece normal en todas las observaciones. Las crisis aisladas, o que se repiten bajo la forma de estado de mal, desaparecen sin secuelas en el curso del día 10. El trazado intercrítico muestra con más frecuencia un ritmo theta puntiagudo alternante. Se ha evidenciado un déficit de cinc en el líquido cefalorraquídeo de estos niños.

Se agruparán las convulsiones neonatales benignas familiares que aparezcan a la misma edad y que comporten la misma evolución espontáneamente favorable.

 

 

Conducta a seguir y tratamiento


Toda crisis que aparezca en un recién nacido es un acontecimiento grave que exige la hospitalización en un medio especializado.
De hecho, deberán utilizarse formas de reanimación vital para el niño, un tratamiento etiológico y sintomático de las crisis.

 

El tratamiento de las crisis se efectúa con fenobarbital, a razón de 15 a 20 mg/kg por vía intravenosa en algunos minutos. La repetición será por vía oral con objeto de mantener una barbituremia de 20?g/ ml.
Otros utilizan las diacepinas, con menor frecuencia el valproato de sodio, la carbamacepina o incluso la lidocaína.

 

Una vez conocida la causa de la convulsión, se instaura el tratamiento específico.

 

Pronóstico


La gravedad es diversamente apreciada según los autores, pero existe un acuerdo en dos puntos:

  • La gravedad de las convulsiones secundarias a las complicaciones perinatales, que son el origen de la mayoría de los estados de mal convulsivos del recién nacido, y la relativa benignidad de las convulsiones debidas a una alteración metabólica aislada o pasajera.
  • Un pronóstico en conjunto grave. Después de una decena de años, el porcentaje de fallecimientos tiende a disminuir, el de los niños con secuelas más o menos graves sigue siendo importante, alrededor del 35 al 45%.

 

 

Elementos de buen pronóstico


  • Una crisis aislada o repetida de 1 a 2 veces por 24 horas que responde a una etiología rápidamente conocida y precisa, sobre todo metabólica (hipocalcemia) o infecciosa.
  • La ausencia de etiología determinada, sobre todo cuando existe una incidencia familiar y cuando las convulsiones aparecen hacia el 5º día con indicaciones de evolución favorable.
  • La ausencia de signo neurológico deficitario o de alteración pericrítica de la consciencia.
  • Un EEG intercrítico normal o poco alterado y una buena organización de sueño.

 

 

Elementos de mal pronóstico


  • La prematuridad (100% de evolución desfavorable, independientemente de la etiología, en el neonato de edad gestacional inferior a 33 semanas).
  • Las crisis multifocales, típicas o atípicas y sobre todo el estado de mal indican siempre un pronóstico fatal (67% tienen una evolución desfavorable).
  • Los criterios del EEG intercrítico son actualmente bien conocidos: trazado de bajo voltaje asociado a un theta irregular, trazado inactivo, trazado paroxístico. Las crisis infraclínicas, sobre todo en los prematuros, y una mala organización del sueño tienen el mismo significado. Estas anomalías eléctricas son el testimonio de lesiones cerebrales severas más o menos extensas: necrosis cortical, proceso hemorrágico secundario a una agresión perinatal.

 

 

Conclusión


Pese a ser todavía importantes frente a las causas prenatales, los progresos en la prevención obstétrica y neonatológica comportan una disminución de la frecuencia de las convulsiones y sobre todo de sus complicaciones.

 

El estudio comparativo de trabajos sobre convulsiones neonatales realizados antes de 1969, después de 1969 y estudios más recientes muestra considerables diferencias en la evolución:

  • Antes de 1969: 41% de sujetos normales, 40% de fallecimientos, 19% de secuelas.
  • Después de 1969: 53% de sujetos normales, 17% de fallecimientos, 30% de secuelas.

 

Actualmente puede decirse que el 50% de los niños tendrán una evolución favorable y el 50% fallecerán o tendrán secuelas.
Si el número de fallecimientos ha descendido del 40 al 15%, en casi 45% de los casos aparecerán secuelas graves.

Es indiscutible que los peores factores de pronóstico son el estado

 

 

Epilepsias con ausencias de la infancia


Edad de comienzo


Es una epilepsia típica de la edad escolar, puesto que comienza entre los seis y siete años. Excepcionalmente también puede comenzar antes de los cuatro años de edad.

 

Descripción de las crisis


Se produce una detención brusca de la actividad motora con mirada fija e inexpresiva durante unos breves segundos en los que se pierde el conocimiento, acompañándose en ocasiones de automatismos en las manos, enuresis, parpadeos, caída al suelo, etc.

 

Otros datos de interés


Las ausencias pueden confundirse con despistes o ensimismamientos, pasando desapercibidas durante algunos meses, hasta que el número crece significativamente.

Con hiperventilación se inducen estas ausencias electroclínicas en el laboratorio de EEG o en la consulta.

 

EEG (Electroencefalograma)


En la mayoría de los casos el EEG es específico:
Con una actividad basal normal, interrumpida bruscamente por grupos generalizados de complejos punta-onda a una frecuencia de 3 por segundo. Grupos que persisten mientras que dura la sintomatología clínica y dejan paso, de nuevo, a una actividad normal en el EEG.

 

Conclusión


Es una epilepsia idiopática con buen pronóstico, que se controla en la mayoría de los casos a los pocos días de iniciar el tratamiento, generalmente Valproato.
Para casos rebeldes suele recetarse Etoxumida, Lamotrigina y Topiramato.



Las crisis inducidas por estímulos luminosos intensos deben ser confirmadas por una estimulación luminosa intermitente en el EEG.
En otros pacientes sin fotosensibilidad no tiene ningún sentido imponer las siguientes limitaciones, que solamente aportarían consecuencias negativas en su calidad de vida.

Epilepsia fotogenica

 

Televisión, videojuegos y ordenadores

Discotecas

 

Televisión, videojuegos y ordenadores


La mayoría de los enfermos de epilepsia no tienen riesgos de padecer crisis viendo la televisión, utilizando el ordenador o jugando con videojuegos. No obstante, existen las llamadas epilepsias fotogénicas, en las que el paciente sí tiene el riesgo de sufrir una crisis al utilizar estos aparatos.

Los enfermos que sufren este tipo de epilepsias deben de adoptar algunas precauciones:

  1. La habitación debe estar suficiente y uniformemente iluminada.
  2. El televisor o monitor debe estar óptimamente reglado para evitar niebla o centelleo.
  3. No mirar el aparato de frente cuando se conecta o desconecta.
  4. Taparse un ojo con la palma de la mano si es necesario acercarse a la pantalla.
  5. Contemplar la televisión a más de tres metros de distancia y utilizar el mando a distancia.
  6. En el caso de videojuegos y ordenadores, utilizar pantallas protectoras y no usarlos más de una hora seguida.

 

Discotecas


Los estímulos luminosos de las discotecas no suponen NINGÚN riesgo para la mayoría de las personas con epilepsia.

Sin embargo, es conveniente que los enfermos con epilepsias fotogénicas tengan cuidado en las discotecas equipadas con luces muy brillantes y que centellean a más de cinco flashes por segundo.

Es importante señalar que las luces intermitentes se unen aquí con otros factores desencadenantes como la privación de sueño y el consumo de alcohol.

Para disminuir el riesgo de crisis, el enfermo puede colocarse de espalda a los focos de luz, evitando así tener todo el campo visual sometido a los centelleos.

Epilepsia tonico clonica generalizada

Edad de comienzo


Suele aparecer entre los 3 y 4 años de edad aunque es más frecuente en adolescentes y adultos.

Descripción de las crisis


Se produce una pérdida de consciencia.
Comienzan con una primera fase tónica (rigidez del tronco y de las extremidades) y una segunda fase clónica en brazos y piernas (rápidas convulsiones) que pueden durar varios minutos.
A continuación el paciente suele entrar en un sueño profundo que es tanto mayor cuanto más haya durado la crisis.
Al despertar es habitual la desorientación y el dolor de cabeza.
Muchos enfermos sufren estas crisis por la noche mientras están durmiendo.

 

Otros datos de interés


Estos pacientes pueden tener también ausencias epilépticas.

 

EEG (Electroencefalograma)


Se detectan grupos generalizados de complejos punta-onda irregulares, sin ritmo concreto; grupos de 1 a 3 segundos de duración que se producen durante el sueño.

 

Conclusión


Epilepsia post traumatica


Es una epilepsia idiopática. Suele tener un buen pronóstico y ser bien controlada con fármacos.


La Epilepsia Postraumática es un trastorno caracterizado por convulsiones que se manifiestan algún tiempo después de haber sufrido un traumatismo cerebral por un impacto en la cabeza.

 

Se desarrollan en el 10 por ciento de las personas que tienen un traumatismo craneal sin herida penetrante en el cerebro y en el 40 por ciento de las que presentan una herida penetrante.

 

Es posible que las convulsiones se manifiesten sólo varios años después de la lesión. A menudo los síntomas resultantes dependen del lugar en que se originan las descargas en el cerebro.

 

 

Epilepsia alcoholica

 

Introducción


Es indiscutible que la ingesta excesiva de alcohol puede provocar crisis epilépticas.

Sin embargo, el diagnóstico de epilepsia alcohólica no debe efectuarse cada vez que la ingesta de alcohol provoca una crisis.

 

De hecho hay que distinguir:

  • La aparición accidental de una crisis después de la ingesta masiva de alcohol. Se trata de la embriaguez convulsiva.
  • La aparición de crisis debida a ingesta alcohólica excesiva en los epilépticos diagnosticados. El alcohol es únicamente un factor desencadenante.
  • La aparición de crisis en un adulto sin antecedentes epilépticos, cuya única etiología es una intoxicación alcohólica crónica.

 

 

Edad de comienzo y características generales


La frecuencia de la Epilepsia Alcohólica es valorada de manera muy diversa: desde el 0,45 hasta el 45% de las epilepsias del adulto.
Estas divergencias se explican por la forma de elección de los pacientes y por los criterios adoptados tanto para el diagnóstico de la epilepsia como para el del alcoholismo.
De todas formas, se puede admitir que en Francia (así como en España), 1/4 de las epilepsias del adulto se deben a la intoxicación alcohólica. Se estima que del 3,7 al 6,6% de alcohólicos crónicos presentan crisis.

 

Es una epilepsia del adulto, ya que las crisis sólo aparecen después de una larga intoxicación. La edad media de la primera crisis oscila entre los 36 y los 38 años. Las mujeres constituyen el 5 al 18% de los casos.

 

Por lo general, esta intoxicación es severa con una mayor repercusión sobre las vísceras. Todas las clases de alcohol pueden provocarla pero en España es el vino el más importante.

 

 

Modalidades de aparición de las crisis


Pueden diferenciarse tres eventualidades:

 

Las crisis que aparecen en una caída de la alcoholemia.
Son las crisis de privación absoluta o relativa, y representan el 18 al 75% de las crisis de epilepsia alcohólica.

 

PRIVACIÓN ABSOLUTA
Cuando el enfermo espontáneamente o por obligación (hospitalización, prisión) cesa bruscamente la ingesta alcohólica.

 

PRIVACIÓN RELATIVA
Cuando hay un importante aumento del consumo habitual de bebida pero a continuación el alcohólico vuelve a su ración normal. Éstos son los "rum fits" de los norteamericanos.

Son crisis a potu suspenso. En efecto, nunca aparecen cuando el enfermo tiene todavía una alcoholemia elevada. El 50% de ellas se producen entre 13 y 14 horas después de la detención de la bebida, el 90% desde las 7 a las 48 horas y ú nicamente el 6%, 48 horas después de esta detención.

 

Hay que destacar que en 1/3 de los casos una crisis o, con mayor frecuencia, una serie de crisis marca el inicio de un "delirium tremens" o de estados confuso-oníricos alcohólicos.

 

Crisis habituales de los alcohólicos.
Aquí las crisis aparecen en los alcohólicos antiguos, sin ninguna relación con una intoxicación aguda o con una privación brusca. Constituyen del 41 al 65% de las epilepsias alcohólicas.

Es la epilepsia habitual de los bebedores de Bratz, y Marchand la ha definido como "de aparición periódica, sin causa determinante como en la epilepsia idiopática, en los alcohólicos o en los antiguos alcohólicos ahora abstemios".

 

Crisis de los cirróticos.
Crisis subintrantes que pueden acompañar a la descompensación de las cirrosis hepáticas. Estas crisis son muy particulares y están en el límite del concepto de epilepsia alcohólica.

 

 

Semiología, descripción de las crisis


Semiología de las crisis.
Excluyendo las crisis parciales de los cirróticos, la gran mayoría de las crisis de la epilepsia alcohólica son generalizadas tonico-clónicas.

Estas crisis tienen características típicas: duración relativamente corta; ausencia de grito inicial; predominio de la fase clónica, incluso ausencia de la fase tónica; carácter morfeico en 1/3 de los casos.

Son poco frecuentes, a menudo únicas (del 13 al 55%), pero por lo general hay como media 2 a 3 crisis por año. En 1/4 de los casos pueden aparecer en salvas. El Estado de Mal es excepcional.

Se han señalado crisis focales: en todos los casos deben hacernos sospechar una lesión asociada.

 

 

Evolución y pronóstico


Los factores pronósticos forman un conjunto que depende, por una parte, de la importancia de la intoxicación etílica con sus repercusiones sobre otros órganos; por otra, de la existencia de una lesión cerebral irreversible, y por último, de la influencia de la abstinencia en la aparición de las crisis.

 

Pueden diferenciarse dos tipos de enfermos:

1) Sujetos en los que el cese de la intoxicación hace desaparecer las crisis.
En general son sujetos bastante jóvenes. Esta epilepsia reversible parece estar en relación con alteraciones metabólicas (hipocaliemia, carencia de piridoxina).

 

2) Enfermos con más de 50 años que, a pesar de su abstinencia, continúan teniendo crisis.
Estas epilepsias irreversibles parecen estar relacionadas con lesiones meningoencefálicas de origen alcohólico, en las que es patente la atrofia cortical, sobre todo de localización frontal, objetivada por el examen tomográfico.

Para Pinel, la potenciación de los efectos del alcoholismo crónico y de las crisis de abstinencia incluidas en la historia epiléptica de estos enfermos actuaría como un "efecto Kindling".

 

Las indicaciones del tratamiento siguen siendo reducidas debido a razones elementales:
Es una epilepsia con crisis no muy bien definidas, el tratamiento nunca se sigue bien, existe la posibilidad de un aumento del riesgo de las crisis a causa de la abstinencia terapéutica y de la interacción medicamento-alcohol.

 

 

Diagnóstico


El diagnóstico de la epilepsia alcohólica es quizá fácil desde el punto de vista estadístico, pero siempre difícil a nivel individual. Debe ser un diagnóstico de exclusión:

"El alcoholismo, evidentemente, no inmuniza de las demás causas de epilepsia." Hillbom ha insistido recientemente en las diferentes etiologías (sobre todo el traumatismo craneal) descubiertas en los pacientes hospitalizados por crisis relacionadas con la excesiva ingesta de alcohol.

 

Hay que diferenciar la epilepsia alcohólica de:

 

EL EFECTO DEL ALCOHOL EN LOS EPILÉPTICOS.
Nuestra práctica habitual indica que el alcohol favorece la aparición de las crisis en:

  • Algunos sujetos predispuestos presentan crisis con ocasión de excesos incluso mínimos.
  • Algunos epilépticos que se hacen alcohólicos, y este alcoholismo neurótico comporta un amplio cuadro de alteraciones del comportamiento. Las crisis se vuelven más frecuentes y más rebeldes a un tratamiento, que por lo general es mal seguido.
  • En algunos casos un exceso de bebida puede provocar una epilepsia hasta entonces latente. El E.E.G. puede mostrar paroxismos espontáneos. Si éste es normal, "la activación por la borrachera" permite evidenciar descargas de puntas-ondas bilaterales y sincrónicas, sobre todo bajo el efecto de la estimulación luminosa intermitente.

 

LA EMBRIAGUEZ CONVULSIVA.
Una embriaguez, una absorción masiva de alcohol puede ser epileptógena, incluso en niños, pero éstas son crisis accidentales, no una enfermedad epiléptica.



Continuara

 

Algunos médicos prescriben fármacos antiepilépticos después de un grave traumatismo craneal para prevenir las convulsiones, aunque muchos expertos no están de acuerdo con esta postura. Si aparecen las convulsiones, el tratamiento se mantiene durante varios años o de forma indefinida.

Por ktchmeifucan
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Sunday 6 december 2009 7 06 /12 /Dic /2009 02:32
Tengo invitaciones limitadas para google wave todo aquel que quiera que deje un comentario

Salu2
Por ktchmeifucan
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Wednesday 2 december 2009 3 02 /12 /Dic /2009 01:44
http://www.epilepsy.com/?CMP=EMC-SPLT


Aqui van a encontrar informacion muy valiosa , para todos los que entiendan ingles les va a venir barbaro.

Si no lo entienden me pueden pedir que traduzca articulos.

Salu2
Por ktchmeifucan
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Wednesday 2 december 2009 3 02 /12 /Dic /2009 00:55
¿Qué es la epilepsia?
La epilepsia es un trastorno cerebral crónico que se caracteriza por la repetición de crisis debidas a una descarga excesiva de las neuronas cerebrales (crisis epiléptica), y que suelen asociarse a otros síntomas. Las crisis epilépticas consisten en fenómenos anormales, bruscos y transitorios, que incluyen alteraciones de la conciencia, motoras, sensoriales y psicológicas (convulsiones, pérdida del conocimiento, un período de confusión, un ataque en que la persona mira fijamente o espasmos musculares), y que son percibidos por el paciente o un observador.

Las crisis pueden clasificarse según el tipo en:

  • Crisis parcial: aquellas en las que las manifestaciones clínicas y electroencefalográficas responden a la activación de un área cerebral determinada ("foco epiléptico").
  • Crisis generalizada: las manifestaciones clínicas responden a la activación de ambos hemisferios cerebrales.
  • Crisis simple: cuando durante la crisis se conserva el nivel de conciencia.
  • Crisis compleja: cuando existe alteración del nivel de conciencia.

Una crisis epiléptica única o las crisis epilépticas accidentales no son una epilepsia, ni tampoco pueden considerarse como una epilepsia, la repetición más o menos frecuente de crisis epilépticas en el curso de una afección aguda como una encefalitis, una hipertermia, una exposición a agentes tóxicos, etc. Tampoco se consideran epilepsia aquellas crisis cerebrales relacionadas con vértigos, mareos, síncopes o trastornos del sueño.

En el caso de las crisis únicas debe tenerse en cuenta que el 75% de los pacientes tendrán una segunda crisis en los tres años siguientes. No puede hablarse de epilepsia si el enfermo no ha sufrido crisis, aunque su EEG (electroencefalograma) sea de tipo epileptiforme.

La epilepsia no es una enfermedad mental ni tiene relación con el grado de inteligencia. Tampoco es contagiosa

¿Cuál es su causa y a quién afecta?
Las causas de la epilepsia varían con la edad. Algunas pueden producir crisis en una etapa determinada de la vida y, con el tiempo, cesar; otras producen crisis durante toda la vida:
  • Herencia. Aunque existe la creencia popular de que la epilepsia se hereda, no es así necesariamente. Sí son hereditarios algunos tipos especiales de enfermedad, como la esclerosis tuberosa, la neurofibromatosis o las lipidosis, en las que se presentan crisis epilépticas. En otras ocasiones, lo que se hereda es la predisposición a padecer crisis convulsivas, pero este factor es muy limitado.
  • Malformaciones congénitas hereditarias como las malformaciones arteriovenosas, o malformaciones congénitas presentes en el nacimiento pero no hereditarias, como las deformidades producidas por exposición a productos tóxicos durante la gestación, o en algún tipo de infección, radiación etc.
  • Errores congénitos del metabolismo como la hiperglucemia o la  fenilcetonuria entre otras.
  • Anoxia cerebral durante el parto, por accidentes, o por enfermedades cerebrovasculares.
  • Traumatismos craneoencefálicos: la lesión cerebral secundaria a un traumatismo craneal puede provocar una epilepsia secundaria.
  • Tumores cerebrales.
  • Enfermedades infecciosas como las meningitis; encefalitis o abscesos  cerebrales.
  • Enfermedades degenerativas del sistema nervioso central.
  • Trastornos metabólicos adquiridos: hipoglucemia, hipocalcemia, hipernatremia, insuficiencia renal crónica...
  • Alcohol.
  • Tóxicos: plomo, mercurio, monóxido de carbono.

Según los diferentes estudios, la frecuencia de la epilepsia oscila entre 1,5 y 57 casos por 1.000 habitantes. La epilepsia aumenta de frecuencia de forma progresiva con la edad.

 
¿Qué factores pueden desencadenar una crisis?
Cuando ocurre una crisis comicial o epiléptica, siempre se intenta establecer una relación causa efecto entre algún acontecimiento vital reciente y la aparición de la convulsión. Si bien no siempre es posible establecer esta línea de contacto, sí existen determinadas circunstancias que suelen relacionarse con la aparición de crisis:
  1. Alteraciones del ritmo sueño-vigilia. Especialmente la privación de sueño altera de manera significativa la actividad eléctrica cerebral.
  2. Alcohol: Bien sea debido al daño cerebral consecuencia de su consumo crónico, o bien por su  efecto agudo que facilita se pongan en actividad focos cerebrales silentes.
  3. Menstruación: como consecuencia de los cambios hormonales que tienen lugar en el ciclo femenino, o también por la retención de agua que la acompaña.
  4. Estrés físico (infecciones, quemaduras graves, cirugía mayor, traumatismo severos,...) o psíquico (ansiedad).
  5. Fármacos: Algunos antidepresivos, barbitúricos, benzodiacepinas, antihistamínicos, etc. Por la utilización de dosis elevadas o por su supresión brusca.
  6. Enfermedad cerebrovascular: las lesiones por infarto o derrame cerebral son epileptogénicas.
  7. Tumores cerebrales.
  8. Epilepsias reflejas: estímulos luminosos o acústicos muy intensos pueden desencadenar este tipo de crisis.
¿Cómo se diagnostica la epilepsia?

El diagnóstico de la epilepsia es eminentemente clínico, y las pruebas complementarias pueden ayudarnos a confirmar la sospecha clínica o a identificar una causa responsable del cuadro.

Ante la sospecha de encontrarnos frente a un paciente con epilepsia es importante:

  1. Confirmar mediante la historia clínica que los episodios que sufre son verdaderamente crisis epilépticas.
  2. Identificar el tipo de crisis que padece.
  3. Definir el tipo de epilepsia o síndrome epiléptico.
  4. Identificar la etiología del cuadro.
Los pasos a seguir para establecer un diagnóstico de epilepsia incluyen:
  1. Historia clínica: deberá incluir:
    • Antecedentes familiares de epilepsia.
    • Antecedentes personales: desarrollo del embarazo y parto, desarrollo psicomotor posterior, malformaciones congénitas, enfermedades hereditarias, traumatismos craneales, fármacos o tóxicos utilizados,...
    • Edad de aparición de las crisis.
    • Características de las crisis: horario de aparición, factores desencadenantes conocidos, síntomas antes y después de la crisis, secuencia pormenorizada de los acontecimientos durante la crisis.
  2. Examen físico: incluyendo examen físico general y exploración neurológica exhaustiva, buscando lesiones, malformaciones o signos que orienten hacia enfermedades que puedan estar implicadas en la etiología del cuadro.
  3. Pruebas complementarias, según la historia clínica y características de las crisis: electroencefalograma, tomografía computerizada craneal (TAC), resonancia magnética craneal, tomografía.

Es muy importante  establecer un diagnóstico correcto de epilepsia, descartando otras enfermedades  que pueden producir cuadros similares a una crisis epiléptica como el síncope, los accidentes isquémicos transitorios, las migrañas, las alteraciones del sueño, los espasmos del llanto en bebés, o las intoxicaciones por tóxicos: alcohol, plomo, mercurio, insecticidas, anfetaminas o cocaína.

 
¿Cómo evoluciona?
La epilepsia no es una enfermedad para toda la vida. Se calcula que la duración media de la enfermedad es de 10-12 años ya que existen epilepsias que se inactivan con el paso del tiempo, ya sea por su evolución natural o bien por responder de forma satisfactoria a la medicación. El padecer epilepsia no disminuye la esperanza de vida del paciente.
 
¿Cómo se trata la epilepsia?

El primer paso para iniciar el tratamiento de la epilepsia es hacer un diagnóstico correcto.

También es importante saber que no todas las personas que han sufrido más de una crisis epiléptica precisan tomar obligatoriamente una medicación, ya que en algunos casos, como en las llamadas epilepsias reflejas (p. ej. la epilepsia por televisión) en las que la supresión del desencadenante elimina las crisis; o las debidas a un efecto secundario de una medicación que se resuelve al retirar el fármaco.

El riesgo de recurrencia de la crisis es del 36% en el primer año, del 48% en tres años y del 56% en los cinco primeros años desde el episodio único. La mayoría de las repeticiones ocurren en los dos primeros años.

1. Tratamiento farmacológico:

En general se trata la epilepsia con un solo fármaco. Es importante utilizar la dosis eficaz mínima, que se calculan en función de la edad y del peso del paciente. Es preferible iniciar el tratamiento de forma lenta y progresiva, con ascensos de dosis a lo largo de los días, facilitando la habituación del paciente al fármaco y evitando así reacciones adversas que sí pueden ocurrir si se administran dosis elevadas desde un primer momento. También es aconsejable hacer coincidir las tomas con las comidas, con lo que se facilita el cumplimiento terapéutico y se evita la posible aparición de síntomas digestivos en caso de tomar el fármaco con el estómago vacío.

Debe elegirse el fármaco más adecuado para cada caso. El fármaco debe elegirse en función del tipo de crisis epiléptica que sufra el paciente.

 

Los tratamientos para la epilepsia exigen ser controlados, por lo que es necesario hacer análisis para determinar los niveles del fármaco en la sangre. También suele ser necesario hacer controles periódicos de las funciones hepática y renal para prevenir posibles efectos secundarios indeseables.

2. Tratamiento quirúrgico:

El tratamiento quirúrgico puede ser necesario cuando se han agotado las alternativas de tratamiento farmacológico.

 
¿Cuándo está indicada la cirugía?
Se calcula que tan solo en el 10-25% de los pacientes que no responden a los fármacos está indicada la cirugía de la epilepsia. Ahora bien, todavía no se puede hablar de indicaciones quirúrgicas absolutas, pero sí se conoce que algunos síndromes son remediables mediante cirugía.
 
¿Qué técnicas de cirugía existen?
Básicamente existen tres tipos de técnicas quirúrgicas:
  1. La extirpación del área del cerebro donde se desencadenan las crisis. Se realizará en aquellos casos en los que se ha identificado un foco. Estas técnicas son las utilizadas con mayor frecuencia.
  2. La desconexión del área del cerebro donde se desencadenan las crisis:
    • Callosotomía (Indicada en aquellos casos de focos múltiples con crisis incontrolables) o sección de conexiones nerviosas cerebrales múltiples.
  3. Otros procedimientos como la estimulación del nervio Vago o la Radiocirugía estereotáxica.
La dieta cetogénica
Para tratar la epilepsia en casos resistentes a la medicación, se puede utilizar la llamada dieta cetogénica, con contenido muy alto en grasas y bajo en carbohidratos y proteínas. Este tipo de dieta produce una condición química en el organismo que se llama "cetosis". En algunas personas, sobretodo en los niños, la cetosis parece evitar los ataques epilépticos, pero a la par estos ácidos afectan mucho el funcionamiento intelectual de los niños.

Para instaurar este tipo de dieta es necesario ingresar al niño, para calcular la cantidad de cada alimento que necesita y entrenar a la madre o cuidador. Tiene muchos efectos secundarios y es incompatible con un desarrollo sano del niño, aunque en algunos casos puede ser beneficiosa.

La dieta cetogénica sólo se utiliza cuando los medicamentos no han podido controlar la epilepsia. Al igual que los otros tratamientos, la dieta cetogénica debe ser prescrita y controlada por un médico.

 
Por ktchmeifucan
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